El capitán de la selección brasileña de fútbol, Thiago Silva, ha reconocido ser una persona que se emociona con facilidad, pero tachó de "tonterías" las críticas de los que no le ven preparado para liderar a una Brasil anfitriona del Mundial y que ante Chile en octavos de final pareció estar sobrepasada por la situación.
El zaguero, de 29 años, reconoció en sus primeras declaraciones tras pedirle al técnico Luiz Felipe Scolari ser el último en la tanda de penaltis ante los chilenos debido a una falta de confianza, que sufrió una "descarga emocional" en el partido con Chile debido a la presión ante una posible eliminación del torneo.
"La presión era muy fuerte para ganar aquel partido, si se pierde se regresa a casa. La descarga emocional que tuve fue por causa de eso, yo me entrego en cuerpo y alma", agregó explicando sus lágrimas.
El llanto del capitán brasileño ante la tanda de penaltis, además del pedido de no lanzar, despertaron preocupaciones sobre el estado emocional de los futbolistas de Brasil ante la presión de jugar una Copa del Mundo en sus tierras.
Otros jugadores importantes del equipo, como el goleador Neymar y el arquero Julio Cesar, también lloraron después de que Brasil consiguiera la agónica victoria sobre Chile y avanzara a cuartos de final.
Tras el partido con Chile, la psicóloga Regina Brandão, que trabaja con Scolari, se presentó en el centro de entrenamiento de Brasil en Granja Comary para reunirse con los futbolistas, pero el técnico aseguró que la visita no tuvo relación con el comportamiento de sus jugadores ante Chile.
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